





Usa una bolsa de malla a modo de colador, agítala en un arroyo bajo, lejos del nacimiento. No uses jabón. Retira piedritas manualmente y seca con el paño limpio. Comparte en comentarios trucos para ahorrar cada gota sin perder higiene real.
Un minuto de agua hirviendo ablanda acedera vieja, ortiga y tallos jóvenes de ángelica. Escurre, reserva el líquido como caldo aromático y saltea después con grasa mínima. Esta técnica mejora textura, reduce amargos y permite digestiones más amables en plena caminata exigente.
Para conservar parte de lo recolectado, extiende hojas sobre una piedra tibia, con el hornillo apagado cerca. Mueve cada pocos minutos y guarda en papel. Anota tiempos en tu libreta y cuéntanos si el método cambió tus desayunos en ruta.
All Rights Reserved.